La justicia de los hombres es tan injusta como el propio hombre.(G. Walter Laplace)

Seguramente estará de acuerdo conmigo que en este mundo sólo vale triunfar. No importa como, porque para dilucidar ese problema ya están los tribunales, y la justicia, como sabemos, se amolda perfectamente a los intereses de los triunfadores.
Para saber cómo es un triunfador basta con ver los personajes que salen en los anuncios de televisión. Los triunfadores son exactamente iguales a los personajes que nos presentan los productos en la publicidad de la tele. Los que salen en los anuncios son los más guapos y mejor vestidos. Son los que tiene los mejores coches y mejores casas, y mejor amuebladas. Hasta los limpia-inodoros los usan en los mejores y mayores cuartos de baño del mundo, tamaño piscina olímpica cubierta. Sólo el tamaño del cuarto de baño de cualquier anuncio supera con creces los metros cuadrados que tiene mi pisito V.P.O.
Yo, de mayor, quisiera vivir en un anuncio. Yo quiero tener el aspecto que tienen los señores del Grecian 2000, tener la casa de la hipoteca del BBVA, tener el Rover 2 D Inyección y la señora del anuncio del Audi. Yo quiero tener el mayordomo del algodón, tío simpaticón donde los haya, quiero el seguro de Catalana Occidente para que su papá me lo arregle todo, comprar en el Corte Inglés toda la moda y que me quede igual de percha como le queda a Silvester Stallone. Yo quiero dormir en un Flex como un niño y que el de Balay me masajea la espalda mientras me pone la lavadora y me friega los platos. Yo quiero que mi vida sea como sale en los anuncios. La realidad me parece tan pobre, tan hueca, que se me antoja un fracaso. Es muy duro ver tanta opulencia desde este muro que me encierra en la cruda realidad. Y eso, me parece, no lo pienso yo sólo.

GAMBOA HELVANT